1A · 2006 – 2013
Cómo empezó
Todo empezó con Juan Estrada, quien desde pequeño estuvo siempre rodeado de fotografía. Su tatarabuelo, Pedro Lafont, fue uno de los primeros fotorreporteros del país, y varios de sus tíos abuelos y su mamá trabajaban con fotografía o eran muy aficionados. Luego su mamá le dejó una cámara Advantix con la que les tomaba fotos a sus amigos mientras patinaban. En 2006 hizo un curso donde aprendió a revelar y ampliar, pero después se compró una compacta digital y dejó el laboratorio de lado.
Casi diez años después, un amigo le mostró una Pentax K1000 y, al ver lo bien hechas que eran en comparación con las digitales (mecanismos como relojes suizos, prismas de vidrio macizo en vez de plástico reflectante, y muchas cosas más que iban apareciendo entre más se quedaba admirándola), volvió todo. En 2013 empezó a pedir cámaras y rollos por internet, cuando eran baratos. Usaba una cámara un par de meses y la vendía para comprar otra. Compraba diez o veinte rollos, se quedaba con unos pocos y vendía el resto, y así los que usaba no le costaban nada.
Disparaba cinco o siete rollos a la semana, y así aprendió: primero revelando él mismo en blanco y negro, luego en color. Su primer cuarto oscuro fue un baño, y las hojas de contacto las hacía con el flash de una cámara.
Se empezó a dar a conocer vendiendo las cámaras y rollos que traía en grupos de Facebook y tiendas de fotografía de Chapinero y del centro de Bogotá. En ese momento casi nadie hacía analógico y mucho menos lo mostraban en redes. Muchos dueños de tienda fotográfica querían cerrar. Juan veía lo que pasaba con la película en otras partes del mundo y les insistía en que no lo hicieran.
Cuando quiso rifar su Leica M3, apenas vendió 40 de 100 boletas. Hoy se agotarían en tres horas.
